En esta última década, dos palabras han marcado nuestro querido sector turístico: calidad e innovación. Indudablemente España había perdido competitividad frente a los destinos competidores y se realizó una decidida apuesta por impulsar la implantación de sistemas de gestión de la calidad. Q, MACT, SICTED, EMas, Banderas Azules, EFQM…diferentes sistemas y metodologías, de mayor o menor credibilidad y beneficio.

Esa ola sigue llegando a la orilla, pero ya se contempla prácticamente como una “commodity”, como en muchos otros sectores productivos. El primer gran impulso se realizó por parte de Turespaña y posteriormente las CC.AA. y los municipios tomaron el testigo.

La innovación es el nuevo tsunami que ha llegado al sector, y tiene todavía mucho recorrido y ha de generar grandes beneficios para todos. Vender nuestros destinos de otra manera, comercializar nuestros hoteles por nuevas vías, poner en el mercado nuevas experiencias, etc. redundará positivamente en nuestro posicionamiento como macrodestino líder.

Las administraciones están tratando de transmitir a las empresas la necesidad de “pensar fuera de la caja” y volver a tomar distancia a nuestros competidores sobre esta base. Si bien esta dinámica no ha calada por igual en todo el país, se perciben interesantes iniciativas en territorios como Canarias, Baleares o Asturias.

Sin embargo hay una tercera palabra que para mí también tiene gran importancia: gestión. Gestión de destinos. Buena parte de nuestros destinos turísticos se han querido mirar históricamente en el espejo de Turisme de Barcelona. Muchos técnicos y concejales han viajado a Barcelona a hablar con ellos y conocer su modelo de gestión, organigrama, forma jurídica, presupuesto, etc.

Hace tres años se puso en marcha en programa “Soportes de Promoción de Destinos” fruto de un convenio de colaboración entre la Secretaría de Estado de Turismo y la FEMP, con el fin de impulsar la creación y potenciación de entidades de gestión de destinos de carácter mixto. No vamos a entrar ahora en la necesidad de fomentar la co-financiación y la responsabilidad del sector privado en los presupuestos y la toma de decisiones, ese tema da juego para otro post.

Lo que me parece más relevante, no es que los destinos aprendan del ejemplo de Barcelona por su forma jurídica, organigrama, etc. sino sobre el punto fuerte de esa organización que es la generación de recursos propios. Si nos fijamos en el modelo anglosajón, las entidades “públicas” de gestión turística ven como la aportación pública merma cada año, pero asumen como normal tener que buscar fondos por otras vías. La necesidad les hace más creativos y les obliga a buscar financiación por todas las vías posibles.

Nuestros destinos deben tomar también ese camino. No sólo en la generación de recursos, sino también en el análisis del impacto de sus acciones, ejecutadas en buena medida con fondos públicos.

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